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Medallas invisibles
Una mañana, como tantas otras, fui a dar un paseo por Castrelos. Había pasado un par de meses desde el ictus y decidí que era hora de enfrentarme a las escaleras. Me aterrorizaban. Había recorrido aquellas escaleras de piedra muchas veces a lo largo de mi vida. Incluso había subido y bajado por ellas sin prestarles la menor atención. Incluso de noche yendo a cientos de conciertos. Pero después del ictus parecían imposibles. Recuerdo avanzar despacio, concentrada en cada movim

Marian Rodríguez
hace 3 días3 min de lectura
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