El único ictus bueno es el que no te da
- Marian Rodríguez

- 23 ago
- 3 min de lectura
Solo hay un buen ictus: el que no te da.
Y quizá esta sea la única clasificación que tiene sentido.
Porque no hay ictus buenos o malos. Hay ictus que dejan unas consecuencias u otras, recuperaciones más rápidas o más lentas, secuelas más visibles o más difíciles de explicar. Pero ninguno es bueno.
Durante mucho tiempo pensé que, como mi recuperación fue favorable, no tenía demasiado derecho a quejarme.
Había sobrevivido. Volvía a caminar. Volvía a hacer deporte dentro de mis posibilidades. Podía cocinar. Podía hablar. Desde fuera, muchas cosas parecían estar bien. Y además estaba esa frase que escuchaba una y otra vez: “Qué bien estás”.
Y claro que sé que tuve suerte. Y más si lo comparo con los posibles escenarios que cualquier otro multiverso me podría ofrecer. Porque sé que estoy viva de milagro. Y mi evolución también es sorprendente.
Pero también sé que mi cerebro nunca volverá a ser exactamente el mismo.
Soy consciente de lo que he perdido. Sé que he cambiado. Y sé lo que me ha costado volver a hacer cosas que antes ni siquiera pensaba que pudieran desaparecer de mi vida.
Y, sin embargo, muchas veces sientes que no puedes quejarte. Total, si has tenido tanta suerte.
Necesité que una psicóloga validase mi dolor para poder por fin exteriorizarlo.
Tardé en entender que puedo sentirme profundamente afortunada por haber sobrevivido y, al mismo tiempo, reconocer que el ictus me hizo daño. Puedo agradecer todo lo que he recuperado y echar de menos lo que perdí. Puedo alegrarme de estar aquí y tener días en los que me pregunte por qué me tuvo que pasar a mí.
Claro que hay escenarios mejores o peores pero repito, ningún ictus es bueno.
Cada uno tiene su propia historia. Su propio cuerpo. Su propio cerebro. Sus propias pérdidas. Sus propios miedos. Y cada ictus deja tras de sí una experiencia a no repetir. Aún con mi evolución favorable y todo lo que he aprendido en esta etapa, ojalá no lo hubiese tenido que vivir. Que el positivismo tóxico no nos ciegue. Suerte hubiese sido que la salud no me hubiese fallado. Aunque puedas haber aprendido mil cosas de tu experiencia, no romanticemos el hecho en sí. Y sí, empiezo a ver que quizás he ganado aprendizajes, pero insisto, es una experiencia que me encantaría que nadie tuviese que vivir.
A veces, necesitamos darnos permiso para validar nuestro sufrimiento, sea cual sea. Sin compararlo. Sin minimizarlo. Sin sentirnos culpables.
Porque estar "aparentemente bien" no significa que no te haya pasado nada.
Y sobrevivir no significa que tengas que estar agradecido cada minuto del día.
A veces sobrevivir también significa aprender a aceptar que la vida que tienes ahora puede ser una nueva oportunidad y, aun así, no ser exactamente la vida que imaginabas.
Así que sí, date permiso para quejarte, para explicarle a la gente lo que te pasa, para sentirte diferente. Porque seguir adelante, no tiene que implicar negar cómo te sientes.
Querer negar mi nueva realidad me mantuvo bloqueada unos meses. Saber cómo me siento realmente me dio un punto de partida para continuar con mi rehabilitación, que creo, durará el resto de mi vida. Tanto física como cognitiva. Pero no me importa, porque cada avance, por mínimo que sea, merece la pena. Y no pienso rendirme.

Claro que si, no dejaremos que te rindas!!! Y te puedes y debes quejarte todo lo que quieras!!! Solo faltaría!!! Ánimo cariño!! 🥰 ❤️