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Un mal día con DCA

  • Foto del escritor: Marian Rodríguez
    Marian Rodríguez
  • 17 ago
  • 2 min de lectura

Actualizado: 18 ago

Un mal día con DCA no es simplemente un mal día. Digamos que lo vamos a multiplicar por la cifra que cada paciente sienta, pero desde luego, no es un mal día estándar. Como todo con DCA, es otra cosa.


Hay días en los que el cansancio pesa más, las emociones se desbordan y algunos síntomas que creías olvidados vuelven a saludarte. Y entonces aparece esa sensación incómoda de que has retrocedido, de que diste un paso adelante y dos atrás.


Al principio esos días me agobiaban mucho. Esa sensación repentina de que algo va mal, o peor que ayer desde luego. Y el miedo de retroceder en tu mejoría. Pero no.


Mi lesión no había empeorado. No había vuelto atrás. Era uno de esos días malos.


Entender esto fue un antes y un después para mí.


Un cerebro con DCA puede ser un terrorista para tu equilibrio emocional. Y con los terroristas no se negocia. No razones con tu mente en un mal día. Te contará muchas mentiras. Mi estrategia ahora es otra: imaginar que lo que tienes delante es simplemente una ola. Y trato de apagar mi mente y eliminar todos esos pensamientos negativos que acompañan estos días.


La ola llega. Y luchar contra ella solo te agota más. Respira, déjate llevar y espera.


La ola pasará.


Y claro que el DCA no desaparece mágicamente, pero evaluar tu vida entera en un mal día es, en general, algo poco recomendable. Yo he aprendido a atravesar esos malos días tratando de que me afecten psicológicamente lo menos posible.


¿Cómo detecto un mal día? Me levanto regular y entre otras cosas, mi hombro izquierdo choca contra los marcos de las puertas. Es mi particular aviso de temporal.


Prepárate, Marian. Hoy hay marejada.


Entonces activo el modo ahorro de energía. No intento resolver mi vida, no tomo decisiones importantes y no me exijo funcionar como si estuviera teniendo un día estupendo.


Porque en un día oscuro la cabeza puede convertir una sensación en una certeza. Puedes pensar que estás peor, que has perdido lo que habías ganado o que esta es tu nueva realidad. Y quizás para siempre.


Y a lo mejor nada de eso es totalmente cierto. Claro que tu realidad ha cambiado pero el día malo no ayuda. Y mis días malos, después del ictus, me enseñan una realidad más fea de lo habitual.


Quizá estás cansado. O estos días te has exigido más de lo que podías dar. Recuerda que priorizarte ya no es una elección. Es tu herramienta de bienestar.


El DCA es diferente para cada persona y no hay dos historias iguales, pero si algo me ha enseñado el mío es que no todos los días hay que luchar. Algunos días toca bajar el ritmo, hacer lo que puedas y no siempre perfecto, y esperar a que el mar se calme un poco.


Así que, cuando llegue la ola, no te pelees con ella. Respira, déjate llevar y espera a que pase.


Y cada vez que esto pase, te asustarás menos. Descansa un poco y mañana veremos cómo estamos.


Recuerda sobre todo, de dónde vienes y cuánto has avanzado.


Y yo, que ya empiezo a tener más días buenos que malos, estoy aprendiendo a surfear.

 
 
 

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