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Encontrar tu tribu

  • Foto del escritor: Marian Rodríguez
    Marian Rodríguez
  • hace 6 días
  • 3 min de lectura

Cuando la vida te para, puedes llegar a sentirte muy solo. Esas catastróficas desdichas que, de un día para otro, te obligan a replantearte la vida que dabas por hecha.


Reconozco que hubo momentos, durante mi recuperación, en los que me sentí muy sola e incomprendida. No porque no hubiera personas a mi alrededor. Mi familia estuvo ahí desde el primer momento, y también muchos de mis amigos. Y aunque perdí gente por el camino, he fortalecido los vínculos con los que sí se quedaron. Y nunca podré agradecerles todo lo que hicieron por mí. Pero hay experiencias que son muy difíciles de entender si no las has vivido. Hay miedos que cuesta poner en palabras, secuelas que nadie ve y días en los que lo único que necesitas es escuchar a alguien decir: «Sé exactamente de qué me estás hablando».


Cuando empecé este proyecto tenía una intención: compartir mi experiencia para ayudar a otras personas. Quería hablar del ictus, de las secuelas invisibles, de alimentación saludable y de todas esas pequeñas cosas que me estaban ayudando a reconstruir mi vida mientras cuido mi salud. Nunca imaginé que, mientras intentaba acompañar a otros, iba a suceder algo tan bonito.


He encontrado mi tribu.


Y no, mi tribu no la conforma únicamente mi familia y amigos. La forman también todas las personas que han sufrido un daño cerebral y me escriben para contarme su historia, sus miedos, sus avances y sus esperanzas. Personas que entienden perfectamente lo que significa volver a empezar cuando sientes que la vida se ha detenido. Personas que sin conocerme me aportan muestras de cariño y me animan. Personas para las que mis secuelas son su día a día y te entienden mejor que nadie.


Pero lo que no me esperaba era tanto cariño de personas que no han tenido que sufrir un ictus para empatizar y entender lo duro que es. Personas que preparan una receta y vuelven para decirme que les ha gustado. Personas que leen un artículo y me dejan unas palabras de ánimo. Que me escriben de manera espontánea simplemente porque sí. Personas que celebran conmigo un pequeño logro o simplemente me recuerdan que merece la pena seguir escribiendo. Y cocinando.


Cada día encuentro comentarios sinceros y bonitos, un mensaje de apoyo o un pequeño corazón en una publicación. Puede parecer una tontería. Un gesto pequeño. Pero, cuando estás reconstruyendo tu vida, descubres que las cosas pequeñas tienen un valor inmenso. Mis briznas de felicidad.


Y estos días empecé a notar un cambio.


Durante mucho tiempo sentí que el ictus me había robado muchas cosas. Vacíos que pesan. Imagina que los ponemos en una balanza. Pérdidas, miedo, renuncias, secuelas y todos esos sueños que pensé que quizá nunca volvería a alcanzar.


Pero estos meses ha pasado algo.


Cada comentario.

Cada mensaje de ánimo.

Cada corazón.

Cada receta que alguien prepara.

Cada persona que decide quedarse.

Cada historia que compartís conmigo.


Han ido cayendo poco a poco sobre el otro plato de la balanza, hasta el punto de que hay días en los que me sorprendo pensando que está empezando a equilibrarse y que, ¿por qué no?, es posible que empiece a inclinarse del lado que no esperaba.


Nunca imaginé que después del ictus encontraría todas estas personas maravillosas con las que jamás habría coincidido de otra manera. Personas que me recuerdan cada día que el cariño también cura. Y que debajo de lo superficial, hay unas capas más profundas donde las conexiones son más reales.


Y que nadie debería recorrer su camino solo. Encuentra a tu tribu porque es donde perteneces y donde te quieren por cómo eres. Si ya las has encontrado, cuídala porque esa red de apoyo no tiene precio.


Solo quería daros las gracias. Por cada mensaje, por cada comentario y por cada muestra de cariño. Empecé este proyecto pensando que podía aportar algo a los demás. No imaginaba que también iba a encontrar tanto apoyo al otro lado.


Y quiero terminar con un mensaje para todas esas personas a las que la vida, como a mí, las obligó a cambiar de carril de un día para otro. Nunca diré que el ictus fue lo mejor que me ha pasado. Nunca lo pensaré. Solo hay un ictus bueno y es el que no te da. Pero sí puedo decir que, después de tanta oscuridad, jamás imaginé que volvería a tener tantas ganas de seguir adelante. Confía.


Sois mi tribu y siento que pertenezco a algo muy bonito.


Gracias.

 
 
 

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2 comentarios


Iria
hace 5 días

Gracias a ti por enseñarnos tanto y seguir siendo como eres!!! 😍

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Rubén
hace 6 días

Gracias a ti por ser como eres a pesar de cualquier circunstancia que te pueda dar la vida.

Eres una persona maravillosa Marian, gracias por compartir lo que viviste con el ICTUS y poder ayudar a muchas otras personas🙏❤️

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